Algunas Mensajes de Nuestro Señor Jesús y Nuestra Señora concedidas a la Hermana Amalia Aguirre

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(Nuestra Señora – 08/12/1930) “Amada hija, oye atentamente. ¡Soy la Madre Purísima, escogida por el Eterno para ser vuestra Co-Redentora, vuestra Abogada, la Medianera de todas las Gracias, solícita, pronta a socorreros en todas vuestras necesidades! Soy por lo tanto, Madre de los desamparados, de los afligidos, de los enfermos, en fin de todos los hombres, Madre que desea dar con abundancia y que acoge con indecible cariño los pequeñitos y desprotegidos de la suerte.”

 

(Jesús)     “¡Hijos que estáis en mundo! ¡Subí las escarpadas del Monte Calvario, yendo a buscar estas perlas preciosas, las Lágrimas de Mi Madre! ¡Me costaron Dolor infinito, cuando clavado en lo alto de la Cruz YO La veía llorando con tanta angustia! Subí el Monte Calvario para buscarlas… Si, es necesario subir por encima de sus inclinaciones y voluntades, despreciar el mundo con sus mentirosas promesas, para poder recoger en su alma las perlas preciosas. Os hablo aquí espiritualmente, porque Mi Reino es todo Espiritual. No es la simple agua derramada de los ojos purísimos de Maria. Lo que deseo que recojáis es el Fruto de Sus Angustias, el Dolor de Su Alma y de Su Corazón Maternal, que La hizo derramar tantas Lágrimas, a los Pies de la Cruz. Amados, ¡he aquí porqué ellas Me son tan queridas y por ellas obtendréis todo lo que deseáis! Aprovechad de estas Lágrimas Benditas,  para la Conversión y Santificación de vuestra vida. Son perlas preciosas, porque con mucho Amor os fueron dadas. Os recuerdo que Mi Madre lloró por vuestras almas comprándolas con Lágrimas, cooperando con el Divino Hijo en vuestra redención: YO derramé Mi Sangre y ELLA derramó Sus Lágrimas. Voy a dejar a María que os hable, ¡aprended Sus Santas lecciones y gravad Sus Palabras Amorosas!”

(Nuestra Señora – 24/04/1931)“Amados de Mi Corazón. Estamos en el tiempo aceptable de la Misericordia, por lo tanto os hablo de lo alto del Monte Calvario, donde lloré por vuestras almas. A pesar que Jesús Se dejó crucificar para mostrarle a los hombres Si Infinito Amor, muchos no Lo comprendieron y pasaron por este mundo sin sacar provecho de Su Sacrificio.  Mirando hacia los siglos futuros, vi almas apostólicas, llenas de Santo celo, proclamar el Amor de Jesús por los hombres en el Calvario. ¡Lloré de alegría al ver que la Misericordia de Mí Hijo iba a ser comprendida y anunciada la Bondad Infinita de Mi Hijo en siempre Perdonar y Eternamente Amar! Por estas Lágrimas que lloré de Santa Alegría, debéis trabajar con más entusiasmo para ser verdaderamente Apóstoles de la Divina Misericordia. Acordaos de practicar los Santos Consejos de esta escuela de mansedumbre. Es esta la escuela del Divino Crucificado. Mis Lágrimas, las perlas del Calvario, os obligan, por amor, a hablar de la Misericordia de Jesús Crucificado. María, Madre de Jesús y Tesoro vuestro.”

 
 (Jesús) “Hijos que andáis amargados, venid a María que Ella es vuestra Madre. Cuando suspendido en lo alto de la Cruz, agonizaba entre los dos ladrones, YO dije a Mi Madre querida que lloraba: “María he ahí tu hijo”, viendo en Juan a toda la humanidad. ¡Llora, Mi Madre, por los ingratos que no han de amarMe! Pero un día, Madre Querida, Tus Lágrimas Benditas han de beneficiar al mundo, pues no llorasteis en vano. A todos los que suplicaren: “Jesús mío, por las Lágrimas de Vuestra Madre Santísima”, he de abrir Mi Corazón como abrigo seguro. ¡Cuántas madres y huérfanos han de ser consolados! ¡Cuántas viudas y pobres! Cuántos jóvenes en peligro, adquirirán fuerzas, para no sucumbir a las artimañas del tentador. Cuántas religiosas, prestas a perder su fervor primitivo, se sentirán fortalecidas. A todos vosotros que invocareis Mi Auxilio por las Lágrimas de Mi Madre, en verdad os digo: nada negaré, porque ellas tocan el fondo de Mi Corazón. Vosotros todos que sufrís, ¡venid a María que Ella es vuestra Madre y fue por vosotros que Ella lloró! YO he de exaltar estas Lágrimas Bendecidas para gran confusión del maligno y sus seguidores en este mundo. ¡Suscitaré el celo de muchos apóstoles para darles mayor brillo! Oh Mi Madre Querida, Bendita entre todas la mujeres, Bendecidas son Tus Lágrimas, porque ellas aplastarán la cabeza de la serpiente infernal y han de aplastar siempre que persigan a Mis elegidos. ¡El enemigo jamás podrá vencer a María! De sus emboscadas y artimañas Ella siempre supo prevalecer y hasta el fin ha de Triunfar. María es la Madre que tiene en las Manos un Tesoro y con él quiere enriqueceros. ¡No temáis! Las llaves de Mi Corazón le pertenecen. ¡Vosotros todos que deseáis Mi Gloria, venid a María y, con el merecimiento de Sus Lágrimas Benditas, seréis tan fuertes que jamás criatura alguna os vencerá!”
 
(Jesús – 19/08/1931)  “Amado hijos que todos los días repetís con amor el Ave María, la salutación a la Virgen. YO Soy Jesús, Hijo de esta Madre amable. El mundo yacía en las tinieblas del paganismo y el demonio con sus seguidores estaban tomando posesión de los corazones, por eso fue necesario que le Verbo se hiciese carne en el seno de una Purísima Virgen. El Ángel fue enviado a María, flor escogida en el ramaje de las más elevadas virtudes. “Ave María, llena de gracia. ¡Yo te saludo, oh María, porque fuiste la escogida como recipiente purísimo, donde va habitar el Verbo! ¡De gracias estáis repleta! He aquí por qué Nuestro Dios me envió para anunciarte que serás la Madre del Mesías prometido.” María se turbó en Su gran humildad, pero, siempre obediente a las inspiraciones del Cielo, aceptó la Voluntad de Dios. Y el Ángel: “Bendita sois entre todas las mujeres, porque Bendito y Sagrado será el Fruto de tus purísimas entrañas”. Amados hijos, si pudieseis ver como los Ángeles saludan a María en el Cielo; con amor, reverentes y en santa alegría a los Sus pies se colocan para cumplir las ordenes de la Madre amable. María cuando recibe veneración y homenaje, inmediatamente mira para vosotros que todavía estáis en la Tierra, y dice: “¡Si todos Mis hijos Me alabasen con el Ave-María, ninguno de ellos se perdería!” Porque quien saluda a María con el Ave-María, predispone su corazón para recibir el derramamiento de Mis Gracias. María es llena de Gracia, porque fue escogida para ser Mi Madre, por lo tanto tiene en Sus Manos los Tesoros del Paraíso, de los cuales puede dispones en vuestro beneficio. Pero si recibís poco, cuando decís el Ave-María, es porque rezáis sin atención. No es la cantidad que agrada a María, pero si la calidad. María, Mi Madre amadísima, repleta de Caridad, encontrándoMe en Su seno, fue a visitar a Su prima Isabel y esta, sin saber lo que en María se había operado, por Inspiración Divina, la saluda diciéndoLe: “¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga visitarme? ¡Oh María, Bendita eres entre todas las mujeres, porque Bendito es el Fruto de tus purísimas entrañas”. Amados hijos, ¿quién reveló estas cosas a Isabel? No la carne, pero si el Cielo, pues, sin saber, dijo a María lo mismo que el Ángel ya Le había dicho. Hijos, ¡si pudieseis comprender el valor de esta salutación bien rezada! ¡Aprovechadla! ¡No desperdiciéis vuestro tiempo y rezadla bien! Si así hiciereis, en la hora de vuestra muerte estaréis repletos de Gracias, para poder entrar en vuestra patria, que es el Paraíso. Cuando saludáis a María con el Ave-María, añadid: “Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén” Esta bella súplica fue compuesta por un siervo fiel de María, cuando el demonio se levantó queriendo sacarLe el título más bello, que le pertenece: “Madre de Dios”. Mi siervo, divinamente inspirado por el Cielo y en entusiasmo propio de los devotos de María, se manifiesta en esta plegaria: “Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.” Ved que el “Ave-María” y el “Santa María” no son invenciones humanas, pero si, Divinas, porque fueron dictadas por el Cielo para que así podáis conversar con María, pidiéndoLe todo lo que estáis necesitando.  En Verdad, Ella todo puede, porque tiene en Sus Manos los Tesoros de Mi Corazón, y es la distribuidora de Mis Dones Divinos. Si alguien desea recibir prontamente, Me pida por María, porque es por medio de Ella que doy en abundancia Mis Tesoros. Fue por medio de María, que descendí al mundo y vos abrí las puertas del Paraíso. Es por María que doy a las almas de buena voluntad lo que Me piden. ¡Venid, porque Ella os conducirá a Mí! Amados hijos, animaos a rezar bien la Oración Angélica, que podría llamarse Salutación Divina, porque toda ella fue dictada por Nuestro Amor. Venid a Ella con confianza y amor, por medio de esta bellísima oración, compuesta por la Trinidad, para saludar a Nuestra Amada, MARÍA. Rezad con amor, alegría y con confianza filial la Oración Angélica. Tendréis Mi Amor en vuestros corazones. Jesús, que os Bendecirá Eternamente, si supieseis saludar a MARÍA.
 
 (Jesús) “1. Bienaventurado el hombre que recurre a MARÍA, Mi Madre Inmaculada.  2. Bienaventurado el hombre que tiene por Madre a MARÍA, Mi Dulce Madre.  3. Bienaventurado el hombre que tiene confianza en MARÍA, Mi Madre Pura.  4. Bienaventurado el hombre que tiene a MARÍA, Mi Amable Madre, por Consejera.  5. Bienaventurado el hombre que Me da todo por MARÍA, Mi Madre Celestial.  6. Bienaventurado el hombre que hace todo en unión con MARÍA, Mi Madre.  7. Bienaventurado el hombre que saluda a MARÍA con el Ave-María.  8. Bienaventurado el hombre que antes de saludarMe, saluda a MARÍA.  9. Bienaventurado el hombre que saluda a MARÍA, Mi Madre Celestial, tres veces al día con el “Ángelus”. 10. Bienaventurado el hombre que Me ofrece las Lágrimas de MARÍA. 11. Bienaventurada la Congregación que tiene a MARÍA, Mi Madre, como Riqueza.”
 
 (Nuestra Señora - 17/12/1930) “Hija Mía, estoy aquí a tu lado. ¿Por qué estás afligida? ¿No sabes que Yo siempre estoy a tu lado? Yo Soy la Madre de los afligidos y se que los pobres hijos tienen necesidad de los Consejos de la Madre del Cielo. ¡Ven aquí, hija, a Mis Brazos! ÓyeMe con atención y de aquí saldrás con Fuerza para soportar las amarguras de la vida. Vamos juntitas a los Pies del Amado Jesús, en el Sagrario, donde por tu amor está ÉL encerrado. Yo Le voy a decir que, por amor, tu sufres para salvar almas, ¡Jesús quedará contento! Querido JESÚS, aquí estamos a Tus Pies, Tu Madre y esta alma saturada de dolor, para decir que Te amamos. Como sé que gustas tanto recibir por Mis Manos, recibe, Hijo, sus dolores, sus sufrimientos y sus angustias, todas ellas son por amor. Feliz el alma que, en medio de sus sufrimientos, a Mí recurre, para que Yo la conduzca. Yo Soy el Camino que lleva a Jesús. La cruz Yo no la saco, porque entonces iría contra los Planes de Jesús, pero cada día le doy fuerza para cargarla con amor. Lo que hago contigo, hago con todas las almas que confían en Mí. Sufrir, hija, para una criatura mortal, es una gran honra que Jesús ofrece a las almas más queridas. Pocas son las almas que comprenden los sufrimientos, ¡muchos piensan que en esa hora son olvidados por Dios! Aquellas que así piensan, invito a meditar en Mi Vida. ¡Yo, la Madre del Hijo Unigénito, fui, después de ÉL,  la criatura que más sufrió en la Tierra! Aprended de Mí que, incluso sufriendo, siempre Alabé a Dios. Alabad, oh almas, cuando sois obsequiadas por el dolor y agradeced por la gran dádiva Divina. ¡Ánimo, alma querida! Acuérdate que Yo estoy siempre pronta para ayudarte. Acuérdate de estos momentos que pasamos juntas al lado de Jesús Sacramentado. Tu Madre, MARÍA, que jamás te olvida.”
 
  (Jesús)“Hija, voy hoy a hablarte de las Lágrimas de Mi Madre. ¡Durante vente siglos ellas quedaron guardadas en Mi Divino Corazón para ahora entregarlas! Con esta entrega Yo te constituyo Apóstol de Nuestra Señora de las Lágrimas y ¡sé que estás pronta a dar la vida por la difusión de tan Santa Devoción! ¡Ser Misionera de las Lágrimas de Mi Madre es darMe inmensas consolaciones! Dad valor infinito a esas Lágrimas y, con ellas, os que se propusieren propagarlas tendrán la felicidad de robar pecadores del maligno, cuyo odio ha de colocar muchos obstáculos para que ellas no sean conocidas. ¡El mundo tiene necesidad de Misericordia! ¡Y para recibirla no hay dádiva más preciosa que las Lágrimas de Mi Madre! Si las lágrimas de una madre conmueven el corazón de un hijo rebelde, ¿cómo no se ha de conmover Mi Corazón, que tanto Ama esta Madre? ¡Este Tesoro magnífico, guardado veinte siglos, está en todas las manos para con él salvar muchas almas de las garras infernales! Cuando las almas generosas dicen: “Jesús Mío, por las Lágrimas de Vuestra Madre Santísima”, ¡Mi Corazón se abre y hace verter sobre aquellas almas los torrentes de Mi Misericordia! Todos los que se propusieren propagar las Lágrimas de Mi Madre, en el Cielo recibirán una alegría toda especial y alabarán las horas que pasaron divulgándolas. Todos los sacerdotes que difundieren el Poder de las Lágrimas de María, tendrán sus trabajos produciendo frutos de vida eterna y grandes cosas harán por Mi Amor. ¡La difusión de esta riqueza de las Lágrimas de Mi Madre es de mucha importancia para Mi Corazón porque va a darMe millones y millones de almas!  Tu Jesús Crucificado, que en tus manos depositó tan Sagrado y Poderoso Tesoro, del cual debes ser Apóstol incansable y ser capaz de dar la vida por él. ¡Felices los que difundan las Lágrimas de MARÍA!”
 
  “¡Jesús Ama tanto a los hombres que aceptó quedar aquí encerrado en este pequeño Sagrario! He aquí Su humildad: preso en toan estrecha prisión ÉL, el Rey del Cielo y de la Tierra, aquí permanece para dar el ejemplo y atraer para Sí a Sus queridos hijos. ¡Hasta en el corazón del pecador y del tibio entra sin hacer resistencia! ¡A tanta humillación Se sujeta el Rey de los Ejércitos! ¡Y los hombres no lo conocen! ¡Su Mansedumbre Divina es bien palpable en la dolorosísima Pasión! ¡Lo Coronaron de espinas y ÉL, el Manso Cordero, no dijo Palabra! ¡En Su Crucifixión, silencios sólo pide Perdón para los que Lo Crucificaron! ¡Y también aquí, en este Tabernáculo, cómo ÉL ejerce la mansedumbre! Si Lo reciben corazones sacrílegos Se calla. ¡Jesús Manso desea ser imitado en la mansedumbre para la conquista de los pecadores!”
 
  (04/04/1931) “Almas queridas,  ¡cómo Dios es bueno! ÉL jamás desampara a aquellos que por su amor se sacrifican. Ved a vuestra Madre Dolorosa sustentada por el Apóstol Amado, después de la Pasión, en Mi soledad. ¡Qué dedicación la de Juan para Conmigo! ¡Él hizo todo para confortarMe en Mi inmenso dolor! Me decía:   María, no llores, ve que ahora yo soy tu hijo, acuérdate de las Palabras de Jesús: “Mejer, he ahí tu hijo”, “hijo he ahí tu Madre.” ¡Ahora yo soy Tuyo, Tú eres mía! He de hacer Tu Hijo conocido. Sabes, Madre, cuando en la noche de la Cena, coloqué mi cabeza en el pecho de Jesús, ¡qué horizontes se desvelaron! ¡Qué maravilla cuando este Corazón fuere verdaderamente conocido!   HáblaMe, Juan, del Corazón de Mi Hijo, cuando reclinaste la cabeza en su pecho. ¡Cómo todas las madres, gusto de oír hablar bien de Mi Hijo!   Madre querida, ¡no tengo palabras para describirte el Corazón de Jesús! ¡Tú, mejor que yo, conoces Sus secretos!   Si, Juan, en verdad Yo conozco todo. ¡Pero en esta hora de Dolor, prefiero que hables de este Corazón Querido!   Cuando, como Apóstol e hijo agradecido, presentí que uno de nosotros Lo iba a traicionar, percibí que el Maestro estaba con el Corazón dilacerado por la ingratitud. Sin demora Lo abracé con tanto amor. Como ÉL fue amable, no me apartó, al contrario, ¡Me dio ocasión de recostar mi cabeza en Su Pecho! ¿Sabes lo qué sucedió? ¡Jesús me abrió Su Corazón y vi cómo será Su Reinado! ¡Qué prodigios, Madre querida! ¡Cuántas almas conquistadas! ¡Qué bello Reinado, Madre querida, cuando este Corazón fuere bien conocido en su infinito amor!   Habla, hijo Mío, ¿qué más viste?   ¡Vi el Corazón de Tu adorado Hijo, con Su Mansedumbre Divina, arrebatar el mundo de las garras infernales, cuando parecía a los hombres que todo estaba perdido! Yo Lo vi esparcir llamas sobre los corazones de buena voluntad e infundir en ellos el amor generoso que acepta sacrificios para salvar muchas almas para el Cielo.   Vi más: vi aprovechada Su Sangre derramada en la Pasión. ¡Jesús no sufrió en vano, vi millones y millones de corazones recibir esta Sangre Divina y purificarse con ella! Más aún, Madre querida, vi que este Corazón va ha ser nuestro alimento y el de todas las almas hasta el fin de los siglos.   ¡No quedamos huérfanos, Jesús quedó con nosotros! Pude ver cómo ÉL va ha ser nuestro sustento con Su propia Carne, Alma y Divinidad. Yo, Madre querida, puedo darte a Jesús. ¡Tú podrás recibir el Cuerpo Santísimo de Jesús, Vivo, porque Jesús nos dio estos poderes en la Última Cena! ¡Cómo eres feliz, María, vas a recibir de nuevo al Amado de Tu Alma, tan realmente como cuando lo veías con Tus Ojos! Ahora no llores más, ¡no estás sola, puedes alegrarte!   HáblaMe más, hijo Mío, háblaMe de la Bondad de Jesús. DeciMe, ¿qué descubriste a este respecto?   Madre querida, ¿cómo? ¿Qué lengua podrá hablar de la Bondad y Misericordia del Corazón de Tu Hijo Amado? Oh, ¡no hay lengua humana que pueda contar cuanto el Corazón de Jesús es Bueno!   Pero al menos háblaMe cuanto tú puedas.   Madre querida, vi millones y millones de almas fascinadas por la Dulzura y Bondad de Su amable Corazón, y, en esta escuela de mansedumbre, vi millones de vírgenes prepararse para esparcir Su Reinado sobre la faz de la Tierra, ¡esto para los últimos tiempos!   ¡Vi la Misericordia de este Corazón siempre a Perdonar! ¡Vi tantos pecadores perdonados, tantos afligidos consolados, tantos infelices confortados! Vi tantas almas generosas a aprovechar de la Dulzura de este Corazón y, después, transmitirla para consolar a los desprotegidos, los huérfanos, las viudas. En fin, Madre, amable, vi la faz de la Tierra renovada. ¡El temor no reinará más sobre la Tierra! Los tremendos castigos no visitarán más a los hijos de Adán, ¡porque Tu Amado Hijo, Nuevo Adán, trajo a la Tierra la Misericordia! Y Tú, Madre querida, serás la distribuidora de esta misma Misericordia que reinará de hoy en adelante.   Ve, Madre Bendita, ¡cómo somos felices por Jesús haber muerto en la Cruz!   Hijas amadas, he aquí lo que Juan Me habló, todo esto Yo ya lo sabía, pues ¿quién más que Yo conocía el Corazón de Mi Hijo? Fue para mostraros Mi gran Dolor que todo esto os conté. Ved como el Buen Dios Me dejó sufrir tanto, pero ÉL que no desampara a nadie Me dio a Juan, como Ángel consolador. Ahora, almas queridas, ¿no queréis vosotras ser para Mí lo que Juan fue? ¡También hoy gusto que Me hablen de la Bondad y Misericordia de Mi Hijo y que de ella hablen a todos! Primeramente Conmigo, como hizo Juan y, entonces, ¡Yo os enseñaré cómo ÉL es amable y lleno de Misericordia! Yo tengo necesidad de vosotros para que habléis de Jesús y Lo hagáis conocido. Si os sintiereis sin valentía, venid a Mí y os introduciré en Su Amorosísimo Corazón. Por el inmenso Dolor en Mi Soledad, Yo os pido: difundid la Bondad de Jesús a vuestros hermanos. Sed Mis Ángeles aquí en la Tierra como Juan lo fue, dando a los hombres el Corazón de Mi Hijo. Os Bendice, en Su Soledad, MARÍA, Madre de las Lágrimas.”
 

  (04/04/1931) “Hijos Míos, ¿no tenéis necesidad de oír a Aquella que cooperó con Jesús en vuestra Redención? Yo Soy MARÍA y vosotros sois Mis hijos, dados cuando Mi Hijo expiraba en la Cruz. ¡Vosotros que perdéis tanto tiempo en conversaciones inútiles, venid a oírMe! Mi lenguaje es agradable, hablo cosas tan lindas. Yo sólo se hablar del Paraíso con sus alegrías y de que allá está lo más precioso: ¡JESÚS Mi Hijo! Vosotros que deseáis la felicidad y que tanto corréis atrás de ella, ¡venid a Mí! A Mis Pies, entregaos a Mi con confianza filial, recordando que Soy la Madre de la Divina Misericordia y Yo os daré la felicidad que es Jesús. ¡Yo deseo, mucho, que todos sean Santos! ¡Cómo nadie puede ser Santo por su propia virtud, todos necesitan de los socorros celestiales y Yo Soy la dueña de los Tesoros del Cielo. Siendo la Tesorera de Jesús, doy lo que Me pidieren: Mansedumbre, Pureza, Humildad, Generosidad, ¡todo lo que es necesario para ser Santo! ¿Sabéis lo que quiere decir ser Santo? ¡Es ser amigo de Jesús, que tanto os Ama, es amar a Jesús estar en la Presencia de ÉL después de esta vida llena de ilusiones! Vuestra Patria es el Cielo, he aquí lo que digo a los que todavía se dejan engañar por las seducciones del mundo. No os engañéis: ¡pobres e infelices los que esperan alguna cosa de esta vida, pues tendrán decepción en la hora de la muerte! Prefieran la alegría eterna y la felicidad sin fin. ¡Mis queridos! Yo deseo ayudar a todos, principalmente a los pobres pecadores, que están lejos de los Caminos de Jesús. Abandonad el pasado y vuestras pasiones pues la verdadera alegría sólo la encontraréis en la amistad de Mi Hijo, que para Su Propia Felicidad no necesita de vosotros. ¡Es por Amor que os hablo y por vuestra felicidad eterna tanto lloré! ¿No querréis aprovechar Mis Lágrimas Benditas? ¡Ved, hijitos, que tantas Lágrimas Me costasteis! Vuestra Madre que os Bendice con todo Amor.”  

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Amalia: Estaba un día a los Pies del Divino Maestro, encerrado en el Sagrario, y, teniendo el alma en gran aflicción, pedí a la Madre de Jesús que se compadeciese de mí. Entonces, en espíritu, vi a María que se aproximaba a mí y con una Ternura indecible me dijo:  
“SígueMe. Quiero mostrarte cuánto sufrí cuando viví en la Tierra.”
  Me llevó al templo y me dijo:   “Ve, hija, aquí en este templo, donde fui educada, comencé a sufrir. ¡Desde tierna edad, renuncié a los cariños de padres tan amorosos! Viendo Mis compañeras que sólo Me dedicaba a la Oración y al trabajo, ¡la envidia tomó cuenta de aquellos corazones! Comenzaron las acusaciones. Si las maestras regañaban Conmigo, Me acordaba de pedir a Dios que hiciese que ellas se volviesen cada día mansas y humildes de corazón. Tomando para Mí el castigo merecido, alababa a Dios por castigarMe, pedía que jamás volviese a ofenderLo. Todo recibía con profunda humildad, reconociéndoMe culpable. Mis acusadoras un día reconocieron su error y, arrodilladas a Mis pies, Me pidieron perdón. Aquí en el templo yo trabajaba y rezaba, aprendiendo con gran alegría lo que las maestras Me enseñaban, porque toso quería aprender para agradar a Dios. Mi oración jamás fue interrumpida por el trabajo, pues este era siempre ocasión de unirMe cada vez más a ÉL. ¡Cuantas veces, trabajando, entré en éxtasis profundo sólo por considerar que, de la nada, había salido para volverMe hija de Dios!   (…) Quien quiera entrar en el Reino del Cielo, incluso los que tienen la ventura de conservar su inocencia, tienen que sufrir. Jesús también tuvo grandes tentaciones que supo repeler, pero tuvo que luchar, porque era hombre. Ahora, hija, ves que desde la infancia tuve que sufrir. ¿Para qué Dios Me había dado un cuerpo? ¡Para luchar y vencer! Sin esfuerzo, ¿qué merecimiento tendría Yo? ¿Cómo podría aplastar la cabeza de la serpiente, si todo Me fuese fácil? En Mis grandes luchas siempre confié en Dios y la humildad profunda fue Mi arma. Prosigamos. Había llegado la edad en que las jóvenes de aquel tiempo acostumbraban casarse. ¡Pensar en esto Me afligía el espíritu, porque Yo Me había Consagrado de Cuerpo y Alma a Dios, dando Mi virginidad a ÉL para siempre! Cuando tal Me propusieron, no morí de dolor, porque era Voluntad del Altísimo que también en esto sufriese. En esta aflicción fui pronto aliviada, porque ¡el esposo que Me iba a ser dado era también virgen y, como Yo, permanecería en Mi compañía manteniendo nuestra tan querida virginidad! ¿Piensan los hombres que, habiendo Yo sido pura, no tuve luchas? Si nunca hubiese luchado, Mi Hijo no Me podía proponer como modelo de pureza, de humildad, de generosidad, de paciencia y de mansedumbre. Si Yo no fuese tentada, no podría servir de ejemplo y de modelo. La tentación no mancha, al contrario, da al alma un nuevo brillo cuando la persona sabe humillarse y confiar en Dios. Para ser vencida, debe se aceptada con gran humildad. Recurrir a la Misericordia de Dios, fue lo que Yo hice, y por eso ÉL dejó la tentación golpear a Mis puertas. (…) Hija, ¿para qué tanto sufrimiento? Para mostrar a los hombres el valor de sus almas, pues fue por causa del pecado que el dolor se implantó en el mundo, y es por medio del dolor que el hombre tiene que purificarse (…) Hija amada, ¡jamás cosa alguna negué a Mi Dios, pero, esto no quiere decir que fue sin sacrificio! ¡Oh almas que sufrís tribulaciones y dolores, meditad y ved si hay dolor semejante a Mi inmenso Dolor! ¡Pero no fue sufrido en vano, pues hoy él os pertenece, siendo vuestra riqueza y vuestra consolación! Al contemplar cuánto Yo sufrí, tendréis fuerzas para cargar vuestra cruz. Con Mi sufrimiento, Me volví Co-Redentora de vuestras almas. Prosigamos, subamos más, ¡vamos al Pié de la Cruz, dónde Mi Corazón Materno recibió la espada más cruel! Ver a Mi Jesús clavado en una Cruz, ¡maldecido por los hombres como si fuese un criminal! Mi Hijo en la agonía de la muerte… ¡Y Yo sin poderLe dar al menos una gota de agua, allí en pié sin poder apretarLo contra Mi Corazón, sin poder enjugarLe las Lágrimas, ni poder decirLe que Lo Amaba, en cuanto los hombres Lo despreciaban. Yo allí estaba para demostrarLe que tenía una Madre a Su lado. ¡Nada Le pude hacer! Soy vuestra Madre, porque en la Cruz, cuando Mi Hijo agonizaba, Me proclamó vuestra Madre. Si, ¡angustias terribles Me costasteis! ¡Sé cuánto sois amados por Jesús, porque fue en la hora más tormentosa, que Me legó vuestras alma, para que de ellas tomase cuenta y sobre ella derramase los frutos de la Sacratísima Pasión!  ¡Ahora, hija, sabes cuánto tú Madre sufrió!” (Nuestra Señora – Octubre de 1930)

 
(Jesús – 17/07/1930)  Pregunté un día al buen Dios: ¿Por qué ciertas almas, que viven en vuestro amor, temen la muerte? ¿No es ella la puerta del Paraíso? He aquí lo que Jesús me respondió:   “Hija Mía, la muerte es temible porque es el castigo del pecador. Pero hay una Luz que ilumina: ¡Mi Madre! ¡En la agonía de la muerte, cuando el enemigo se levanta para robarMe almas, he aquí que Mi Madre brilla, cual lucero luminoso y les muestra que es Madre también de los pecadores y que ha de abogar pro ellos delante el Tribunal Divino! Si hijos Míos, cuando recitan, “Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”, si rezasen bien en la vida, no tendrían miedo de morir. Quien es verdadero devoto de Mi Madre, muere con una sonrisa en los labios, porque Ella asiste a todos Mis hijos en la hora de la muerte. En esta hora suprema Ella viene a asistir a los pobres pecadores para ver si al menos  consigue ablandar sus corazones endurecidos. ¡Cómo Me agradan los corazones que en Ella confían, porque todavía tengo la esperanza de salvarlos! Quien conoce esta Madre amable y La invoca en la vida con confianza, en medio de la agonía, encontrará este farol luminoso, que le mostrará las Puertas del Paraíso.”
 
  “En Verdad, te digo que del Cielo no sale cosa alguna sin pasar por las Manos de María.” “¡Únete a Ella y pide por intermedio de Ella! “Haced lo mismo, también vosotros, almas todas que Me leéis, y vuestras plegarias serán pronto oídas y los frutos serán de Vida Eterna. Jesús, vuestro Todo, por Manos de María. (16/02/1931)

 

 

 

Nuestra Señora de las Lágrimas

Campinas - São Paulo - Brasil