El Santo Rosario
Santo Domingo busca las ovejas perdidas
La Madre de Dios, en persona, le enseñó a Sto. Domingo a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.
Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albingense. Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El malo, todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.
También negaban los sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios. Se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito. También habían factores políticos envueltos.
Domingo trabajó por años en medio de estos desventurados. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero, muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.
La Virgen acude en ayuda de Santo Domingo de Guzmán
La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.
Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito por que muchos albingenses volvieron a la fe católica.
Lamentablemente la situación entre albingences y cristianos estaba además vinculada con la política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.
Las promesas de la Virgen a los que recen el rosario
Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.
El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario.
Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:
1. Quien rece constantemente mi
Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2. Prometo mi especialísima protección y grandes
beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los
pecados y abate las herejías.
4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la
misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo
con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no
se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se
convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será
admitido a la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la
plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan
en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte
celestial.
14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi
Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de
gloria.
La Virgen del Rosario: ¡Vencedora de las batallas!
Europa y con ella toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción. Sabemos, por las promesas de Jesucristo, que eso no puede ocurrir pero, humanamente, no había solución para la amenaza del Islam. Los Musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España. En esas extensas regiones el cristianismo era perseguido, y muchos mártires derramaron su sangre, muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492. ¡La importancia de esta victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente!
La batalla de Lepanto
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En la época del Papa Pío V (1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar
Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes
católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro
inminente. El Papa pidió ayuda pero se le hizo poco caso. El 17 de septiembre de
1569 pidió que se rezase el Santo Rosario. Por fin en 1571 se estableció una
liga para la defensa de Europa. El 7 de octubre de 1571se encontraron las flotas
cristianas y musulmanas en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de
Lepanto. La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de
Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria, entró en batalla
contra un enemigo muy superior en tamaño. Se jugaba el todo por el todo. Antes
del ataque, las tropas cristianas rezaron el santo rosario con devoción. La
batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los
cristianos resultaron victoriosos.
En Roma, el Papa se hallaba recitando el rosario en tanto se había logrado la decisiva y milagrosa victoria para los cristianos. El poder de los turcos en el mar se había disuelto para siempre. El Papa salió de su capilla y, guiado por una inspiración, anunció con mucha calma que la Santísima Virgen había otorgado la victoria. Semanas mas tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan, quién. desde un principio, le atribuyó el triunfo de su flota a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió la fiesta a la Nuestra Señora del Rosario.
Los turcos seguían siendo poderosos en tierra y, en el siglo siguiente, invadieron a Europa desde el Este y, después de tomar enormes territorios, sitiaron a Viena, capital de Austria. Una vez mas, las tropas enemigas eran muy superiores. Si conquistaban la ciudad toda Europa se hacia muy vulnerable. El emperador puso su esperanza en Nuestra Señora del Rosario. Hubo gran lucha y derramamiento de sangre y la ciudad parecía perdida. El alivio llegó el día de la fiesta del Santo Nombre de María, 12 de septiembre, de 1683, cuando el rey de Polonia, conduciendo un ejército de rescate, derrotó a los turcos.
La batalla de Temesvar
El Príncipe Eugenio de Saboya derrotó en Temesvar (en la Rumania moderna) a un
ejercito turco dos veces mas grande que el suyo, el 5 de agosto de 1716, que en
aquel entonces era la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves.
El Papa Clemente XI atribuyó esta victoria a la devoción manifestada a Nuestra
Señora del Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario
fuera celebrada por la Iglesia universal.
Excelencia del Rosario
A lo largo de los siglos los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del rosario y le han otorgado indulgencias.
Dijo Nuestro Señor: "Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18:20). El rosario en familia es algo maravilloso. Es un modo práctico de fortalecer la unidad de la vida familiar. Es una oración al alcance de todos. Los Papas, especialmente los más recientes, han hecho gran énfasis sobre la importancia del rosario en familia.
El Papa dominico, San Pío V (1566 - 1572) dio el encargo a su congregación de propagar el santo rosario. Muchos Papas han sido grandes devotos del rosario y lo han propagado con profunda convicción y confianza.
Su Santidad León XIII escribió doce encíclicas referentes al rosario. Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de "Reina del Santísimo Rosario" en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de "El Papa del Rosario"
Todos los Papas del siglo XX han sido muy devotos del Santo Rosario.
Su Santidad Juan Pablo II nos insiste en el rezo del Santo Rosario. Recen en familia, en grupos. Recen en privado. Inviten a todos a rezar. No tengan miedo de compartir la fe. Nada mas importante. El mundo está en crisis. Nuestras fuerzas humanas no son suficientes. La victoria vendrá una vez mas por la Virgen María. Es la victoria de su Hijo, el Señor Rey del Universo: Jesucristo.
Un gran apóstol del rosario en familia es el Padre Patrick Peyton, quién llevó a cabo los primeros planes para que se hiciera una cruzada a nivel mundial del rosario en familia en el Holy Cross College, Washington D.C., en enero de 1942. Hizo esta cruzada en acción de gracias a María Santísima por la restauración de su salud. De una forma maravillosa la cruzada se propagó por todo el mundo con el lema: "La familia que reza unida, permanece unida".
Recomendado por la Virgen en
diversas apariciones
A la Virgen María le encanta el rosario. Es la oración de los sencillos y de los
grandes. Es tan simple, que está al alcance de todos; se puede rezar en
cualquier parte y a cualquier hora. El rosario honra a Dios y a la Santísima
Virgen de un modo especial. La Virgen llevaba un rosario en la mano cuando se le
apareció a Bernardita en Lourdes. Cuando se les apareció a los tres pastorcitos
en Fátima, también tenía un rosario. Fue en Fátima donde ella misma se
identificó con el título de "La Señora del Rosario".
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La Preparación 1) Nos hacemos la señal de la Cruz 2) Nos ponemos en presencia de Dios y para que la oración llegue al Cielo, pedimos humildemente perdón al Señor por nuestras faltas (en silencio). Rezamos el Acto de Contrición (el "Pésame") 3) Decimos: "En el primer misterio recordamos..." (nombramos el misterio correspondiente al día) 4) Rezamos: un Padrenuestro, diez Ave María, un Gloria. 5) Continuamos rezando de la misma forma el 2do, 3er, 4to y 5to misterios. 6) Al finalizar los cinco misterios nos consagramos a la Virgen rezando el "Oh Señora Madre Mía..." 7) Rezamos para terminar por la intenciones del Santo Padre, un Padrenuestro, tres Ave María, y un Gloria. 8) Terminamos con la Señal de la Cruz. |
Los Misterios
Misterios Gozosos (Lunes y Sábado)
Misterios Dolorosos (Martes y Viernes)
Misterios Gloriosos (Miércoles y Domingo)
Misterios Luminosos -o de la Luz- (Jueves)
"En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre
perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era
María. El ángel entró en su casa y al saludó diciendo:" íAlégrate!, llena de
gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras ella quedó desconcertada y
se preguntaba qué podía significar este saludo. Pero el ángel le dijo: "No
temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y
le pondrás por nombre Jesús; él será grande y se lo llamara Hijo del Altísimo.
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinara sobre la casa de
Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al Angel: "¿Cómo puede
ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?". El Angel le respondió: "El
Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra. Por eso el niño será Santo y se lo llamará Hijo de Dios. También tu
parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada
estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios".
María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que
has dicho". Y el Angel se alejo".
"En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de
Judá. Entró en la casa de Zacarias y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo
de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu
Santo, exclamó: íTú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto
de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber
creído que se cumplirá lo que fue anunciado de parte del Señor". María dijo
entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de
gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su
servidora. En adelante todas las generaciones me llamaran feliz".
"Mientras se encontraba en Belén, le llegó el tiempo de ser Madre; y María dio a
luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en panales y lo recostó en un pesebre,
porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban los
pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se
les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor les envolvió con su luz.
Ellos sintieron un gran temor, pero el Angel les dijo: "No teman, porque les
traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy en la ciudad
de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les
servirá de señal: encontraran a un niño recién nacido envuelto en panales y
acostado en un pesebre". Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud
del ejercito celestial, que alababa a Dios diciendo: íGloria a Dios en las
alturas, y en la tierra, paz a los hombre amados por él!".
"Cuando llego el día fijado por la ley de Moisés para la purificación, llevaron
al niño a Jerusalem para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo
varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer de sacrificio
un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía
entonces en Jerusalem un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y
esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había
revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo
Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para
cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y
alabó a Dios diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,
como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste
delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria
de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían
decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño
será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será digno de
contradicciones, y a ti misma la espada te atravesará el corazón. Así se
manifestaran claramente los pensamientos íntimos de muchos".
"Sus padres iban todos los años a Jerusalem en la fiesta de Pascua. Cuando el
niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta María y
José regresaron pero Jesús permaneció en Jerusalem sin que ellos se dieran
cuenta. Creyeron que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después
comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron,
volvieron a Jerusalem en busca de él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en
medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndole preguntas. Y todos
los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo,
sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has
hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Jesús les
respondió: "¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos
de mi Padre?". Ellos no entendieron lo que les decía. El regreso con sus padres
a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba esas cosas en al corazón.
Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de
los hombres".
"En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido
de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: "Oren, para no caer en la
tentación". Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de
piedra, y puesto de rodillas oraba: "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz.
Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya". Entonces se le apareció un ángel
del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, él oraba más
intensamente, y su sudor eran como gotas de sangre que le corrían hasta el suelo.
Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los
encontró adormecidos por la tristeza. Jesús les dijo: "¿Por qué están durmiendo?
Levántense y oren para no caer en la tentación".
"En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo.
Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que
habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a
pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo: "¿Quieren que les ponga en
libertad al rey de los Judíos?". El sabia, en efecto, que los sumos sacerdotes
lo habían entregado por envidia. Pero los sumo sacerdotes incitaban a la
multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo: "¿Qué debo
hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los Judíos?". Ellos gritaron
de nuevo: "íCrucifícalo!". Pilato les dijo: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos
gritaban cada vez más fuerte: "íCrucifícalo!". Pilato, para contentar a la
multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho
azotar, lo entregó para que fuera crucificado".
"Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda
la guardia. Lo vistieron con un manto púrpura, hicieron una corona de espinas y
se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: "íSalud, rey de los Judíos!". Y le
golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían
homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto púrpura y le
pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para sacrificarlo".
"Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo,
y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían
muchos del pueblo y un buen numero de mujeres, que se golpeaban el pecho y se
lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "íHijas de
Jerusalem!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.
Porque se acerca el tiempo que se dirá: íFelices las estériles, felices los
senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a la
montañas: íCaigan sobre nosotros!, y a los cerros: íSepúltennos! Porque si así
tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?". Con él llevaban también a
dos malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado "del
Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a
su izquierda".
"Junto a la Cruz de Jesús, estaba su madre, con su hermana María, mujer de
Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a
quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo." Luego dijo al
discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la
recibió en su casa. Después, sabiendo que ya toda estaba cumplido, y para que la
Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: "Tengo sed". Había allí un
recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama
de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús:
"Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza entregó su espíritu".
"Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la
otra María fueron a visitar al sepulcro. de pronto, se produjo un gran temblor
de tierra: el Angel de Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y
se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras
eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y
quedaron como muertos. El Angel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes
buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había
dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus
discípulos: Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a
Galilea: allí lo verán. Esto es lo que tenía que decirles". Las mujeres
atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y
fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió en su encuentro
y las saludó diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron, y abrazándoles los pies,
se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos
que vayan a Galilea, y allí me verán".
"Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había
citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía
dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y
en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñandoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con
ustedes hasta el fin del mundo".
"Y al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De
pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que
resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas
lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas
lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse".
"Pero la mujer recibió las dos alas de la gran águila para volar hasta su
refugio en el desierto, donde debía ser alimentada durante tres años y medio,
lejos de la Serpiente. La Serpiente vomitó detrás de la mujer como un río de
agua, para que la arrastrara. Pero la tierra vino en ayuda de la Mujer: abrió su
boca y se tragó en río que el Dragón había vomitado".
"Y apareció en el Cielo un gran signo: una Mujer revestida de sol, con la luna
bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza. Y escuché una voz
potente que resonó en el Cielo: Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de
nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador
de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.
Ellos mismos lo han vencido, gracias a la sangre del Cordero y al testimonio que
dieron de él, porque despreciaron su vida hasta la muerte. íQué se alegren
entonces el cielo y sus habitantes, pero ay de ustedes, tierra y mar, porque el
Diablo ha descendido hasta ustedes con todo su furor, sabiendo que le queda poco
tiempo".
(Lc. 1, 26-38)
(Lc. 1, 39-48)
(Lc. 2, 6-14)
(Lc. 2, 22-35)
(Lc. 2, 41-52)
(Lc. 22, 39-46)
(Mc. 15, 6-15)
(Mc. 15, 16-20)
(Lc. 23, 26-33)
(Jn. 19, 25-30)
(Mt. 28, 1-10)
(Mt. 28, 16-20)
(Hech. 2, 1-4)
(Ap. 12, 14-16)
(Ap. 12, 1.10-12)
Misterios Gozosos (Lunes y Sábado)
Misterios Dolorosos (Martes y Viernes)
Misterios Gloriosos (Miércoles y Domingo)